Extraterrestres
en Chile. Top Secret / Jorge
Anfruns Dumont
Editorial
El Triunfo / Chile / 1996
/ 218 páginas
EL
"PEQUEÑO DRAGÓN"
"El
9 de marzo de 1992, a las 21:45 horas, transitando por las calles de
Santiago (...), sufrí el intento de robo de mi 'banano' (pequeña mochila
sujeta al cinturón) (sic), como ofrecí resistencia al eventual ladrón,
un muchacho de 18 años y setenta o más kilos de peso, nos trenzamos
en una violenta pelea callejera donde golpes iban y venían, (sic) al
final de cuentas nos fuimos de cabeza a la calzada y logré levantarme
antes que el atacante. Cuando encaminé mis pasos para seguir andando
volví a ser atacado por otro cómplice, esta vez mi contrincante venía
armado de una navaja de gran tamaño, entonces, cortes vienen y van como
destellos de luz sobre mi cuerpo. Un puño mío alcanzó su rostro y lo
tumbó por largos segundos, no obstante volvió a reincorporarse y se
lanzó a la carga mientras su ayudante trataba de inmovilizarme al cogerme
por la espalda, tratando de tener un blanco fijo. Afortunadamente nada
pasó salvo algunos magullones por la caída. Todo terminó cuando la mirada
del atacante N° 2 quedó fija en el espacio sobre mi cabeza. Y ahí lo
irracional, guardó su navaja y arrancó por la calle San Ignacio mientras
su cómplice lo hacía por la Alameda" (He respetado la deplorable puntuación
y redacción originales).
No,
amigos. Lo que acaban de leer no son las aventuras de Bruce Lee o Jean-Claude
Van Damme, sino las del "ovnílogo chileno", el modestísimo Jorge Anfruns
Dumont. Quien conozca a Anfruns personalmente tendrá enormes dificultades
en dar crédito a los pormenores de la historieta, a la vista de su porte
esmirriado y complexión nada atlética. Qué va. Habrán sido las espinacas.
¿Por qué no admitir lo que todo mundo sabe, esto es, "que lo asaltaron
y punto"? Pero este relato no se da en un contexto cualquiera, pues
adorna el primer capítulo del libro que ahora comentamos. Y es que estas
fantasías son insignificantes comparadas con el verdadero objeto del
libro: las ufológicas.
Pese
a la dureza de algunas críticas, siempre esta sección de "La Nave" se
ha mostrado algo circunspecta. Ahora debemos cambiar un poco esa tónica
porque no hay más remedio. Ésta, más que una recensión, es una denuncia
y un castigo moral. Es que jamás nos habíamos enfrentado a un libro
tan fantasioso y disparatado; a un libro tan pretensioso, egomaníaco
y paranoide. En su género, el de la ufología del absurdo, no reconoce
rivales serios (lo que en Chile es decir bastante). Pues aquí Anfruns,
"el ovnílogo chileno", se ha superado a sí mismo y ha compuesto el que
es, en mi humilde opinión, el libro más delirante de la historia
de la ufología nacional. Ahora bien, el despliegue de insensateces
se volvería más soportable si Anfruns no impusiera al pobre lector,
en casi cada capítulo, al cruel relampagueo de su inexplicable vanidad.
Con lo que queda dicho que la obra, más que leída, debe ser tolerada,
aguantada. No es fácil "bancarse" a Anfruns a lo largo de doscientas
páginas... Pero lo hice, y sobreviví para contarlo.
Sin
embargo, confieso que la mueca de disgusto inicial que en mí provocaba
esta antología, comenzó a transformarse bien pronto en una sucesión
imparable de carcajadas. Y fueron esas explosiones de risa las que,
como habrían dicho Gómez Barrondo y Pastrana, hicieron de mi crítica
algo mucho menos benevolente. Pido al lector, entonces, que me acompañe
al corazón del mundo anfrunsiano, claro que a su propio riesgo.
DE
SOLAPAS, CONTRATAPAS Y PRÓLOGOS
El
Anfruns de siempre, en todo su esplendor. Percy Eaglehurst, director
de revista "Revelación", se entrega en la primera solapa a una prestidigitación
adulatoria digna de mejores causas. Luego de resaltar el trabajo, persistencia
y humildad (!) del ovnílogo, Percy advierte que "más allá de nuestras
fronteras se dice que para verificar un caso ovni chileno, necesariamente
se debe pasar por el apellido Anfruns, sinónimo de objetividad y estudio".
Pues solicito al lector que retenga en su memoria este aserto, sobre
todo a la luz de los hechos que le mostraré más adelante. Y que lleve
también otra joyita, como cuando Percy resume las palabras que han iluminado
el quehacer ufológico de su héroe: "sencillez y verdad". ¿Es que Percy
nunca puede dejar de ser un humorista?
En
la segunda solapa, perdóneme el lector, se mencionan las publicaciones
(para más datos, ver "La Nave", números 2 y 12) de Anfruns, junto a
los programas de televisión y radiales en que ha participado... ¡enumerándolos
con el nombre del programa y del animador respectivo! Por ejemplo: "Festival
de la Una", con Enrique Maluenda. Y siguen Don Francisco, el Kike Morandé,
Susana Palominos... Un auténtico abuso de trivialidad.
La
contratapa no tiene desperdicio. Ufólogos famosos opinan sobre el primer
libro de Anfruns. Dos botones de muestra: "Considero que todo investigador
serio debería tenerlo en su biblioteca para su consulta" (Virgilio Sánchez-Ocejo).
O: "tu libro me encantó" (un siempre económico J. J. Benítez).
Y,
para que tengamos claro el panorama, el Prólogo. Página 15: "Es hora
ya que alcancemos, en la más mínima medida, la verdad encubierta por
oscuros intereses que se esfuerzan en disimular los eventos más significativos
del invisible control inteligente que ejercen veladamente sobre nosotros
las entidades biológicas extraterrestres en nuestro medio". Bueno, basta
por ahora. Dejémonos de cosas serias y que siga la diversión.
TEMIBLE
OPERARIO DEL RECONTRAESPIONAJE
La
anécdota del asalto, frustrado por las habilidades marciales de Anfruns,
va en el capítulo 1, titulado "Eso de investigar". Allí Anfruns cuenta
sobre lo peligroso que es develar al mundo las visitas de los alienígenas.
Al más puro estilo de Benítez, a Anfruns siempre le ocurren cosas extrañas,
tales como seguimientos y coincidencias varias. Es que a los "investigadores"
(una de las palabras mágicas de Anfruns) los vigilan. Recordemos, por
ejemplo, que el segundo asaltante huyó después de ver "algo" por sobre
la cabeza del ovnílogo. Pero éste nos muestra cómo encaja todo, siempre,
en especial si le queremos atribuir significado aun a lo que no lo tiene
en absoluto. Veamos lo que en esa línea consigna la página 23 (mis comentarios,
como siempre, entre paréntesis): "Casualmente esa noche que venía de
Radio Portales había tratado el tema de la posible existencia de seres
extraterrestres en la Tierra.
En jerga policial chilena se habla de lanzas y cogoteros, puedo aventurar,
que ninguno de esos dos tipos de delincuentes eran los que me asaltaron
(el ovnílogo se ha convertido de pronto en criminólogo). Dado a que
ese recorrido (sic) siempre lo hacía en auto, y esa noche por restricción
vehicular tuve que caminar. ¿Cómo sabían ellos que esa noche tenía que
caminar?" (Vaya; me imagino a los alienígenas en animado debate: "¿qué
haremos para evitar que Anfruns continúe revelando el gran secreto de
nuestra presencia? Tenemos que silenciarlo ¡Aprovechemos ahora, justo
que tiene restricción!... Pero debemos ser precavidos, ya que es peligroso").
Anfruns
es un predestinado. Hay recuerdos que evocar, como "la noche en que
cuatro sujetos sacados por molde (altos y rubios) vestidos de negro,
despegaron con espátulas afiches de un evento Ovni, organizado por mí
en Viña del Mar. Tres computadoras que se trancaron con el último capítulo
del primer libro que edité, dos "money order" (orden de pago) que llegaron
a mi nombre, que nunca cobré; un vidrio de mi terraza que se rompió
hacia adentro, o sea en dirección hacia el lugar en que escribo, un
segundo encuentro con mis asaltantes. (...) Sólo son parte de esa acción
que a todos los que estamos en 'esto' nos envuelve, me refiero: 'fuerzas
que se corporizan'" (p. 24).
ANTOLOGÍA
DEL DISPARATE
Veremos
algunos ejemplos del método anfrunsiano. Advierto que no fui exhaustivo,
así que daré una muy pálida imagen del nivel de incongruencias a que
se ven sometidos los lectores.
"Un
típico caso de abducción". El caso de Amelia. Otra anécdota inverificable;
otro despliegue con nulo valor probatorio; claro, un caso realmente
típico. Pero Anfruns la presenta con una fruición pasmosa. Aparte de
un estrambótico relato de abducción, con revelaciones características
de cierto esoterismo popular (admito la aparente contradicción), se
consigna una experiencia que Amelia tuvo en su infancia: "Cuando era
niña vi un ser en la puerta de mi dormitorio, pero era alto, peludo,
los ojos rojos y me dio mucho miedo" (p. 52). Lástima que no podamos
compartir el entusiasmo de Anfruns, cuya pasión se traspasa al texto:
"Es necesario agregar que tuvieron que pasar veintidós años para que
la señora Amelia entregara 'esta verdad' y recibirla en la forma más
llana que mujer terrenal pueda entregar (sic), es un verdadero regalo".
¿Estamos ante otro émulo de Mario Moreno, bregando en nuestra ufología?
No, es el mismo Anfruns, el de la página 53: "Esa aparición del otro
ser a los siete años, el toque en la espalda del canosito de ojos azules
arriba en la nave, piezas de un crucigrama que enlazan en un solo aspecto
terrenal".
La
pavorosa experiencia de Juanito (pps. 96-101). Se trata de la desaparición
temporal de un niño en una olvidada localidad rural. Por supuesto, una
nueva abducción para el aséptico catálogo de Mufon-Chile, cuyo lema
parece ser "una anécdota, un caso"; el catálogo es tan riguroso, que
no quedan fuera ni los cuentos de la vieja. Bueno, todo se explica muy
económicamente como una abducción. Dos seres negros y gordos lo sacaron
volando por una ventana cuyo marco era muy pequeño, según Anfruns, para
que el niño saliera por él. ¡Pero no se haga problemas, don Jorge! Usted
sabe que lo desmaterializaron ¡para sacarlo por la ventana! Y Juanito
volando por el campo, flanqueado por dos seres negros y gordos. No quiero
ser aguafiestas... pero, ¿hay algún mínimo indicio (no digo prueba)
que le dé una pizca de verosimilitud a este relato? Ah, olvidé que el
apellido Anfruns debiera bastarme como garantía pues, si así lo reconocen
en todo el mundo -como acotaba Percy- ¿quién soy yo para expresar mis
mezquinas dudas racionales?
El
capítulo 13 es "Inscribiendo una evidencia". Anfruns cuenta esta dudosa
y viscosa historia, acontecida en un puesto fronterizo. "En un lugar
de la frontera chilena, boliviana o quizás peruana, la cual no
tengo ninguna intención de recordar", nos dice Anfruns en la p. 103,
con su meticulosidad acostumbrada. "Inscribiendo", ¿"una" qué? Y sigue:
"Este relato me fue proporcionado por un camionero que no desea concurrir
a ninguna oficina estatal o privada para ratificar lo escuchado que
proviene (sic) de un campesino andino llamado Benito". Que dicen-que
escucharon-que dijeron... Que don Pepe, don Lucho y doña Alicia... ¡El
libro que todo ufólogo serio debiera tener en su biblioteca! Cierto,
pero como manual de lo que NO debe hacerse en ufología.
La
historia de Benito refiere, en términos gruesos, un tiroteo de una patrulla
fronteriza con "algo" que, obviamente, Anfruns presenta como extraterrestre.
Se trató de "la refriega más particular del siglo, por un lado salían
proyectiles de plomo y por el adversario se les respondía con haces
lumínicos, que tenían la propiedad de atravesar los blancos y abrirlos
como coliflor. Primero cayeron algunas cabalgaduras de la patrulla prácticamente
reventadas de 'adentro hacia fuera', luego fueron los patrullantes uno
a uno..." (p. 105).
Por
supuesto, desaparecieron todos los cadáveres, quedando sólo restos de
sangre. Y luego cuenta Anfruns la historia, basado en fuentes harto
sospechosas, de un Grupo de Operaciones Especiales, durante la guerra
de Vietnam, que sorprendió a unos extraterrestres "separando diversas
partes de cadáveres humanos y metiéndolos en grandes contenedores herméticos".
Después del tiroteo de rigor, los miembros de la patrulla especial fueron
aislados del mundo y, en un tratamiento de narcohipnosis, se les implantó
una "memoria falsa", para hacer más digerible lo ocurrido. Lo que permite
que Anfruns filosofe: "Lamentablemente para los impresores de memorias
esta técnica a veces falla (¡una "coma", por favor!) ya que ese viejo
Ovni llamado cerebro (?) tiene sus trucos para grabar, al parecer en
varias pistas, como lo hacen las mesas de edición de música. De aquí
para adelante, como decía un viejo comercial radial de una aerolínea:
'hasta donde su imaginación lo lleve'". Lema que Anfruns se ha tomado
literalmente, aunque no llegue más allá de los tópicos de la ciencia
ficción y la escenografía hollywoodense sobre extraterrestres.
El
capítulo 21 nos entrega el caso Soledad. La introducción de Anfruns
(p. 156): "Después de haber logrado conversar con los mejores exponentes
de la investigación ovni en Europa (...), en mi reciente visita al Viejo
Mundo, sigo experimentando esa antigua sensación que he comunicado en
más de cincuenta conferencias". Luego, Soledad relata sus experiencias
con Ellos, a lo largo de gran parte de su vida. En su caso se trataría
de una voz que, por ejemplo, le avisó que su padre estaba a punto de
suicidarse; ella lo encuentra con una pistola en la mano y evita la
tragedia. Soledad es azafata y además tuvo visiones extradimensionales,
sin perjuicio de contemplar unos OVNIS como para cortar el aliento.
En fin, no tenemos derecho para burlarnos de Soledad. Es su historia
y punto.
Lo molesto es que Anfruns transforme estas subjetividades absolutas
en narraciones ufológicas que vender al público, o sea, que las traspase
de su grabadora a las páginas de un libro, como si de "un caso" se tratase.
Pero Anfruns no se hace problemas (pps. 160-161): "Pocas veces las azafatas
se suben al tema ovni, (sic) Soledad, sin embargo, se subió y bajó con
gallardía. La voz que escucha la sigue acompañando y le ha dicho que
vienen grandes novedades para los próximos años: avistamientos masivos
de ovnis en las principales ciudades del mundo. Por otra parte, Soledad
piensa que la humanidad se va a llevar una gran sorpresa en los días
venideros, y la ha titulado como 'LA GRAN SORPRESA' y que sucederá este
año". El libro es de 1996. Si se refería al programa televisivo de Karen
Doggenweiler y Felipe Camiroaga, pues se equivocó por más de un lustro.
POR
SUS DISCÍPULOS LOS CONOCERÉIS
Finalmente,
el libro concluye con un trabajo de dos colaboradores de Anfruns, Manuel
Aguirre y J. Andrés Rives, con el elocuente título de "Datos para comenzar
a pensar". Falta que nos haría a todos. Pero bueno, este capítulo enumera
tipologías de naves y ocupantes de las mismas, registrando frecuencias
de avistamientos, según fechas, lugares, etc.. No lo llamo "estudio
estadístico" porque siento respeto por la estadística. Más bien, se
trata de un cúmulo de datos que no han recibido ningún filtro, ninguna
depuración. Las mismas anécdotas del resto del libro, pero dotadas de
un encanto más cuantificable, lo que le da un cierto aire de cientificidad:
"dígalo con números". Nadie podría jamás usar esas "estadísticas" para
un estudio serio sobre los OVNIS.
Mención
aparte merece la "tipología de entidades", tan disparatada como lo exige
el tema. El encabezado es de antología: "los seres que se ven dentro
o fuera e incluso, sin presencia de OVNIs, poseen una gama muy variada
de tipologías" (p. 174). Lo que no entiendo es cómo una entidad extraña,
sin presencia de OVNIS, puede ser asociada al fenómeno OVNI. Oh, me
olvidé de la "asociación deducida". Los tipos propuestos por Aguirre
y Rives son, a saber: 1) humano, 2) macrocéfalo, 3) animal, 4) escafandra,
5) robot, 6) ameba, 7) holograma. Es curioso que las definiciones de
los autores pueden servir para variados propósitos. Por ejemplo, la
de "humano", para solventar nuestra lógica: "posee características físicas
humanas, sería difícil distinguirlo de un humano común y corriente";
la de "macrocéfalo", para insultar a un enemigo: "son seres calvos,
cuerpos delgadísimos y por lo general poseen un cráneo muy abultado
con respecto a su cuerpo"; la de "animal", multiuso: "son seres con
características de animales, algunos de ellos poseen pelo en todo su
cuerpo y son muy agresivos; otros son alados y con rasgos reptiloides".
Hay otras definiciones, tanto o más divertidas.
En
fin, amebas, hologramas, escafandras, animales, etc.. Esto me recuerda
un libro de Michel Foucault, Las palabras y las cosas (México, Ed. Siglo
XXI), en cuyo Prólogo se evoca un texto de Jorge Luis Borges, refiriéndose
a "cierta enciclopedia china donde está escrito que 'los animales se
dividen en a) pertenecientes al Emperador, b) embalsamados, c) amaestrados,
d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos
en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables,
k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera,
m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas".
Pero
tranquilos, muchachos. No le han ganado al maestro, lo que es un comentario
elogioso para ustedes.
RESUMIENDO
Como
dijimos, es éste un libro lamentable, donde Anfruns muestra todas
sus falencias como investigador y escritor. Un libro en que se auto-cita
varias veces y en que se traga todo lo que le cuentan, lo más absurdo,
lo más insostenible, lo más aberrante. Como fiel discípulo de Benítez
que es, le basta sólo con transcribir testimonio tras testimonio, delirio
tras delirio y todo ello sin ningún comentario crítico. Ahora bien,
si alguna lección nos deja esta obra, si algo positivo podemos extraer
de su lectura, es que el mundo anfrunsiano queda inmejorablemente retratado,
en toda su paranoia, incultura y egocentrismo. Por cierto, es el tipo
de ufología y comportamiento ufológico que La Nave nació expresamente
para criticar y combatir. Y es que no encontramos algo que resulte más
antitético a nuestro navío que este libro.
En
la página 166, Anfruns dice: "Me gusta ser ovnílogo pero no ingenuílogo".
Quiso decir que no le gustaba ser ingenuo. Pero, con la palabra "ingenuílogo",
terminó diciendo que no quería ser "estudioso de los ingenuos". El resto
es más o menos lo mismo.
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