No
me detendré en los pormenores del "descubrimiento",
ni en lo que siguió en cuanto lucha por ganarse el crédito
ufológico. Ya sabemos que algunos especialistas han determinado
que el pequeño ser de 8 centímetros, que otros no tardaron
en identificar como un alienígena -al que han dado en llamar
"Toy"-, resultó ser el feto de un mamífero bien
terrestre, probablemente un marsupial propio de nuestros bosques: el
"monito del monte". Lo que me preocupa son los oscuros y hasta
ridículos mecanismos mentales despertados por la historia.
Lo
concreto: esta suerte de feto semi-momificado es presentado por los
medios (en realidad, por el canal televisivo "Mega") más
que como una curiosidad, como un enigma digno de un debate público.
Luego vino la reacción de los ufólogos de la línea
sensacionalista; se les vio preocupados, inquietos, interesados vivamente
en las bizarras informaciones.
Poco
importa que "prudentemente" hayan salido con frases del estilo
de "no podemos asegurar que se trata de un extraterrestre pues
debemos esperar el juicio de los especialistas". No, esa supuesta
prudencia no califica. ¿Qué por qué no califica?
Pues porque toma el asunto con la seriedad de una esperanza de que "tal
vez sí, quién sabe"... Una denuncia como la que comentamos
no podía, desde el mero principio, ser tomada en serio. ¿Prejuicios?
¿Cerrazón mental? ¿Estrechez de miras? No, amigo
lector. Yo preferiría hablar de sentido del ridículo.
Los
ufólogos que aparecieron tras la pista de Toy, aun cuando declarasen
a regañadientes que, por cosas del destino, la cosa podía
ser terrestre, se prestaron inconscientemente a uno de los shows más
vergonzantes de la ufología criolla del siglo XXI. ¿Cómo
puede alguien atribuirle a un simple objeto curioso un carácter
alienígena? ¿Qué mecanismos cerebrales llegan a
operar para que se haga rápidamente tal suerte de asociación?
Los
ufólogos comprometidos en la divulgación de esta zarandaja
creen que han estado muy bien al no haberse pronunciado favorablemente.
Lo cierto es que debieron imitar en masa la actitud saludablemente escéptica
de Rodrigo Fuenzalida en este asunto, quien manifestó, con un
99,9% de posibilidades de acertar, que estábamos ante un hecho
"no ufológico", pues no veía por qué
determinadas personas habían creído que la recolección
de animales raros tuviera algo que ver con los elusivos OVNIS.
Por
el contrario, los ufólogos acríticos han demostrado una
vez más su excesiva credulidad, por el solo hecho de tomarse
tan en serio la historieta... al punto de considerarla de interés
ovnístico, incluyéndola en sus páginas web y hasta
citando a reuniones extraordinarias de sus colectivos para discutir
tan trascendentales hechos. Suena absurdo y el mundo ilustrado no ufológico
ríe y ríe con estos deslices mediáticos.
No
sería extraño que, como es típico, en algún
momento digan que "el caso está abierto" y que "seguirán
investigando". Y cuando vuelvan a escribir sobre Toy hablarán,
seguramente, de caso "polémico". En esta lógica,
los sucesos polémicos son los fraudes y los informes que han
sido ya explicados por los verdaderos expertos. Las fraudulentas fotos
de Billy Meier: "polémicas"; los plagios de J. J. Benítez
en su Caballo de Troya: "polémicos"; las aspiradoras
de Adamski... "polémicas"; para qué seguir.
La polémica eterna.
Pero
siguen. Ahora resulta que un pequeño núcleo de ufólogos
-cuando, a estas alturas, incluso Tamayo y Riffo parecen incrédulos-
impugna la opinión de un veterinario, el mismo que ofreció
la decepcionante y convencional explicación de un marsupial sureño
de los bosques. Es que así la cosa se prolongará lo suficiente
como para captar un poco más de cámaras y entrevistas.
Es
esto tan entretenido, sobre todo si, después de aplicarle torniquetes
a la realidad, se puede prolongar el misterio ad infinitum. ¿Por
qué no un veterinario comprometido en la conspiración
del silencio?
Yo prefiero hacerme otras preguntas: ¿cómo puede alguien
creer que los extraterrestres anden quedando por ahí, botados
para el mejor postor? ¿Cómo es posible que, pasada la
comprensible perplejidad inicial, el asunto trascienda como objeto de
discusión pública? ¿Qué clase de concepciones
biológicas tienen los ufólogos que tan seriamente se han
tomado esta anécdota?
Aun
en el caso de que se trate de un error de los primeros veterinarios
y no de un feto de marsupial, gato o roedor, ¿convierte eso al
engendro en un ser de otro planeta? ¿Cómo puede plantearse
seriamente -en el caso de Toy- la "hipótesis ET" con
el mismo nivel de probabilidad que una explicación prosaica,
tal como lo ha hecho el entusiasta y poco riguroso Erick Martínez
(CIO) en sus tragicómicas apariciones televisivas?
Pero,
bueno, ya sabemos cómo opera la farándula ufo-mediática.
Lo que esos promotores del misterio parecen no entender es que seguirán
llegándoles denuncias, cada vez más disparatadas, de extraterrestres
encontrados a la vera de los caminos. Claro, como el aspecto de los
"grises" ha sido construido en base a imaginería claramente
perinatal, cualquier feto -semi-momificado o no- se transformará
ipso facto en un "alien". ¡Que no digan que no les advertimos!