Sé
que el tema de los "balazos prehistóricos" es un capítulo bastante marginal
en la constelación temática de la "astroarqueología"; que bien pudiera
hablar hoy de pirámides, "pistas" de Nazca, Bep-Kororoti o Sirio-B y
los dogones. Pero tales "balazos" constituyen una inmejorable excusa
para comprender la particular lógica que siguen escritores como Andrew
Thomas, Peter Kolosimo o Erich von Däniken, por dar tres ejemplos característicos.
Este género de especulaciones
tiene sus antecedentes directos en la Rusia soviética (Agrest, Zaitsev,
Kasantsev), donde la interpretación "literal" de los mitos ancestrales
se transformó en una alternativa válida de lucha contra el irracionalismo
(identificado como originalmente religioso), claro que sin tener la
conciencia de que ese intento estaba cautivo del gran mito de la era
espacial, el de los visitantes extraterrestres. La desconstrucción de
los viejos mitos tenía como consecuencia la edificación de otros nuevos.
Pero, en fin, ese legado es recogido primero por Pauwels y Bergier (El
retorno de los brujos), luego por Charroux (Historia desconocida de
los hombres) y, finalmente por Von Däniken (Recuerdos del futuro). Digo
esto porque, fuera de la necesaria aclaración, es en la taiga siberiana
donde tiene su origen la especulación de los antiguos astronautas.
Precisamente en la ex-Unión
Soviética, en las cercanías del río Lena (Yakutia), fue encontrado el
cráneo de un bóvido prehistórico con un rotundo orificio frontal. Este
cráneo –que estaría en el Museo de Paleontología de Moscú- ha sido mostrado
en libros y películas como evidencia de que alguien le disparó con un
rifle (o algo similar) hace miles de años. Ahora bien, confieso que
nunca me ha quedado clara la identidad del animal, pues hablan livianamente
de "bisonte" (inexistente, por lo menos desde fines del Pleistoceno,
en los confines de Eurasia) y sospecho que puede ser un buey almizclero,
una especie de "Yak siberiano". Pero, bueno, eso no es lo que importa.
Lo relevante es la idea de que el extraño orificio ha sido provocado
por el disparo de un arma de fuego...
Los extraterrestres disparándoles
a los bisontes prehistóricos... Pero, ante tal cuadro, tenemos el legítimo
derecho de hacer algunas preguntas incómodas. Primero, ¿por qué los
visitantes del espacio, que han recorrido años-luz para llegar a la
Tierra, haciendo uso de una tecnología sublime, las emprendieron a escopetazos
contra algunos representantes de la fauna terrestre? ¿No cabía esperar
la utilización de armas paralizantes, rayos láser y, cómo no, pistolas
desintegradoras? Son los propios astroarqueólogos los que han popularizado
la idea de que los antiguos astronautas usaban armas fantásticas y aterradoras.
Es la lectura que han hecho, por ejemplo, de poemas épicos hindúes como
el Ramayana o el Mahabharatha, con los famosos vimanas y una supuesta
guerra atómica, o casi. Han dicho cosas similares del castigo a Sodoma
y Gomorra, de las trompetas de Jericó, del Arca de la Alianza y, más
audazmente, se ha querido ver en las plagas bíblicas el uso de armas
bacteriológicas.
No niego que tales elucubraciones
son muy interesantes. Lástima que estén apoyadas en "pruebas" tan endebles.
Estoy llano a aceptar, por ejemplo, que el uso de supertecnología no
implica la derogación de artefactos más rudimentarios. Actualmente usted
puede usar una computadora personal y después coserse el botón de la
camisa con aguja e hilo. El problema estriba en dos formas típicas en
que los astroarqueólogos construyen sus evidencias:
1. Sobreabundancia: por
todas partes del mundo habría "indicios" de los dioses extraterrestres:
un penacho de plumas con forma de casco, un ornamento que parece pistola
de rayos láser, etcétera. Lo que lleva no sólo a la multiplicidad de
datos sino a la constante contradicción entre ellos: tenían aspecto
humano, la barba pelirroja, pero a miles de kilómetros usaban escafandra
y estaban más arropados que Neil Armstrong. Existe un largo etcétera
de similares incongruencias.
2.
Generalización de lo anecdótico: las pruebas astroarqueológicas son
siempre "individuales", están aisladas de un contexto más amplio. ¿Cómo
conectar Nazca con las terrazas de Baalbeck? ¿El astronauta de Palenque
con los "vivientes" atestiguados por el profeta Ezequiel? ¿Un orificio
circular –sólo eso- en el cráneo de un bisonte prehistórico, con una
hipotética visita de alienígenas en el pasado, con los elohim, con Quetzalcoatl,
con los dioses arios de la India védica? ¿No es todo eso demasiado gratuito
como para que lo tomemos en serio?
El
agujero en el cráneo del bisonte es un hecho tan estéril en consecuencias,
tan circunscrito a la anécdota individual que no puede servir de base
a hipótesis alguna. Si no sabemos quién disparaba en la prehistoria...
sí sabemos quienes disparan hoy contra la visión racional –y basada
en pruebas concretas- que tenemos de ella.
Bibliografía
-Däniken,
Erich von (1976): El mensaje de los dioses, Martínez Roca, Barcelona.
-Fraile, Carmen (1996): "¿Balas contra dinosaurios?", en Grandes misterios
de la tierra, en monográfico N° 17, revista Más Allá de la Ciencia,
Madrid.
-Kolosimo, Peter (1976): No es terrestre, Plaza y Janés, Barcelona