La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 6
¿QUIÉN DISPARABA
EN LA ANTIGÜEDAD?
SERGIO SÁNCHEZ
(CHILE) - 2001

Un animal baleado en la prehistoria... ¿Seguros?Sé que el tema de los "balazos prehistóricos" es un capítulo bastante marginal en la constelación temática de la "astroarqueología"; que bien pudiera hablar hoy de pirámides, "pistas" de Nazca, Bep-Kororoti o Sirio-B y los dogones. Pero tales "balazos" constituyen una inmejorable excusa para comprender la particular lógica que siguen escritores como Andrew Thomas, Peter Kolosimo o Erich von Däniken, por dar tres ejemplos característicos.

Este género de especulaciones tiene sus antecedentes directos en la Rusia soviética (Agrest, Zaitsev, Kasantsev), donde la interpretación "literal" de los mitos ancestrales se transformó en una alternativa válida de lucha contra el irracionalismo (identificado como originalmente religioso), claro que sin tener la conciencia de que ese intento estaba cautivo del gran mito de la era espacial, el de los visitantes extraterrestres. La desconstrucción de los viejos mitos tenía como consecuencia la edificación de otros nuevos. Pero, en fin, ese legado es recogido primero por Pauwels y Bergier (El retorno de los brujos), luego por Charroux (Historia desconocida de los hombres) y, finalmente por Von Däniken (Recuerdos del futuro). Digo esto porque, fuera de la necesaria aclaración, es en la taiga siberiana donde tiene su origen la especulación de los antiguos astronautas.

Precisamente en la ex-Unión Soviética, en las cercanías del río Lena (Yakutia), fue encontrado el cráneo de un bóvido prehistórico con un rotundo orificio frontal. Este cráneo –que estaría en el Museo de Paleontología de Moscú- ha sido mostrado en libros y películas como evidencia de que alguien le disparó con un rifle (o algo similar) hace miles de años. Ahora bien, confieso que nunca me ha quedado clara la identidad del animal, pues hablan livianamente de "bisonte" (inexistente, por lo menos desde fines del Pleistoceno, en los confines de Eurasia) y sospecho que puede ser un buey almizclero, una especie de "Yak siberiano". Pero, bueno, eso no es lo que importa. Lo relevante es la idea de que el extraño orificio ha sido provocado por el disparo de un arma de fuego...

Los extraterrestres disparándoles a los bisontes prehistóricos... Pero, ante tal cuadro, tenemos el legítimo derecho de hacer algunas preguntas incómodas. Primero, ¿por qué los visitantes del espacio, que han recorrido años-luz para llegar a la Tierra, haciendo uso de una tecnología sublime, las emprendieron a escopetazos contra algunos representantes de la fauna terrestre? ¿No cabía esperar la utilización de armas paralizantes, rayos láser y, cómo no, pistolas desintegradoras? Son los propios astroarqueólogos los que han popularizado la idea de que los antiguos astronautas usaban armas fantásticas y aterradoras. Es la lectura que han hecho, por ejemplo, de poemas épicos hindúes como el Ramayana o el Mahabharatha, con los famosos vimanas y una supuesta guerra atómica, o casi. Han dicho cosas similares del castigo a Sodoma y Gomorra, de las trompetas de Jericó, del Arca de la Alianza y, más audazmente, se ha querido ver en las plagas bíblicas el uso de armas bacteriológicas.

No niego que tales elucubraciones son muy interesantes. Lástima que estén apoyadas en "pruebas" tan endebles. Estoy llano a aceptar, por ejemplo, que el uso de supertecnología no implica la derogación de artefactos más rudimentarios. Actualmente usted puede usar una computadora personal y después coserse el botón de la camisa con aguja e hilo. El problema estriba en dos formas típicas en que los astroarqueólogos construyen sus evidencias:

1. Sobreabundancia: por todas partes del mundo habría "indicios" de los dioses extraterrestres: un penacho de plumas con forma de casco, un ornamento que parece pistola de rayos láser, etcétera. Lo que lleva no sólo a la multiplicidad de datos sino a la constante contradicción entre ellos: tenían aspecto humano, la barba pelirroja, pero a miles de kilómetros usaban escafandra y estaban más arropados que Neil Armstrong. Existe un largo etcétera de similares incongruencias.

2. Generalización de lo anecdótico: las pruebas astroarqueológicas son siempre "individuales", están aisladas de un contexto más amplio. ¿Cómo conectar Nazca con las terrazas de Baalbeck? ¿El astronauta de Palenque con los "vivientes" atestiguados por el profeta Ezequiel? ¿Un orificio circular –sólo eso- en el cráneo de un bisonte prehistórico, con una hipotética visita de alienígenas en el pasado, con los elohim, con Quetzalcoatl, con los dioses arios de la India védica? ¿No es todo eso demasiado gratuito como para que lo tomemos en serio?

El agujero en el cráneo del bisonte es un hecho tan estéril en consecuencias, tan circunscrito a la anécdota individual que no puede servir de base a hipótesis alguna. Si no sabemos quién disparaba en la prehistoria... sí sabemos quienes disparan hoy contra la visión racional –y basada en pruebas concretas- que tenemos de ella.

Bibliografía

-Däniken, Erich von (1976): El mensaje de los dioses, Martínez Roca, Barcelona.
-Fraile, Carmen (1996): "¿Balas contra dinosaurios?", en Grandes misterios de la tierra, en monográfico N° 17, revista Más Allá de la Ciencia, Madrid.
-Kolosimo, Peter (1976): No es terrestre, Plaza y Janés, Barcelona

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