La Nave de los Locos

SÓLO ON-LINE
URI GELLER: DOBLANDO CUCHARAS
E INSULTANDO A LA AUDIENCIA
RICARDO CAMPO
(ESPAÑA) - 2002
Quizá sería suficiente con decir: "¿Se creen que somos estúpidos?". O aquella otra frase más elegante de H. L. Mencken: "Una carcajada vale por mil silogismos". Cualquiera de los dos asertos es más que suficiente para retratar la indignante aparición del prestidigitador Uri Geller en la primera cadena de la televisión pública española en un programa de variedades llamado "Tiempo al tiempo", presentado por Concha Velasco.

Al lado de Uri, la extasiada Velasco parecía estar frente a un hombre santo, como si se le hubiese dado la oportunidad de contemplar la manifestación de un poder sobrehumano. Terciando, José María Íñigo, que sabe perfectamente que el israelí es un gigantesco farsante, pero que prefiere aparecer en la pantalla como su introductor en España, sabedor de que aquella lejana exhibición del doblador de cucharas en septiembre de 1975 en el programa "Directísimo" fue un hito en la historia de la televisión española; y eso acarrea su pequeño prestigio. Más de 25 años después nos lo presentaron como una vieja historia que no ha perdido lustre. Realmente la audiencia resultó impactada por entonces: miles de personas tomaron sus viejos relojes para que Geller, con su "fuerza mental", los pusiera en movimiento.

Sin duda tuvo éxito. Pero es que cualquiera podría tenerlo: entre miles, por simple probabilidad, una porción se pondrán en marcha con sólo darles cuerda de nuevo -que es lo que Geller pide a la audiencia, además-, con una pequeña sacudida... Por supuesto, en estas ocasiones llaman al programa los que lo logran...; ¿por qué no llaman aquéllos cuyo reloj sigue tan parado como antes, que serán una parte lógicamente proporcional?

La entrevista fue totalmente parcial, como en toda ocasión en que uno de estos personajes, ya sean astrólogos, tarotistas o divulgadores de la falsa presencia de los extraterrestres en la Tierra, aprovechadores de la credulidad en torno al mito de los platillos volantes, etc. aparecen en un medio: nada de crítica, ni un solo escéptico en el plató. ¿Por qué no se preguntó a Geller por Jim Carson, popular presentador de la CNN americana que hace 20 años ridiculizó a Geller ante toda la audiencia cuando éste no pudo adivinar en qué recipientes de metal había agua y en cuáles no, sólo porque el israelí no había podido manipular con antelación las vasijas ni tocarlas durante sus vanos intentos ante las cámaras? ¿Por qué no se le recordó la molesta presencia del mago escéptico y "cazador de charlatanes" James Randi, capaz, al igual que todo buen mago e ilusionista, de reproducir todos los trucos de Geller, como doblar cucharas o adivinar lo que alguien ha dibujado en un papel? Porque de eso se trata, de simples trucos de ilusionismo. Todos podemos aprender estas habilidades, trucos de magia para principiantes. Sólo que Geller hace uso simultáneo de esa ridícula virtud que es el carisma, de esa capacidad para escenificar un proceder esencialmente fraudulento, de cautivar a las mentes menos críticas que lo contemplan y tragan sin masticar.

La hilarante conversación mantenida con el mago Geller podría ser analizada en sus más mínimos detalles y descubrir cómo se construye un "poder" de la nada, sólo con un poco de habilidad, "tablas" para salir en la tele, mucha credulidad, una audiencia entregada y afirmaciones totalmente gratuitas y rotundamente falsas. Nos quedamos con dos: en la primera la presentadora afirma que sólo usamos una parte de nuestro cerebro. Se trata de una curiosa y falsa leyenda ampliamente extendida entre el gran público. Cualquier psicólogo o neurocientífico nos dirá que usamos todo, absolutamente todo nuestro cerebro en incontables ocasiones a lo largo del día; tan sólo para coger un vaso de agua de una mesa son innumerables los recursos cerebrales que entran en juego.

El otro argumento fue de los que hacen época: según Íñigo, los magos nunca fallan en sus trucos, pero Geller sí ha fallado. Sin duda, Íñigo nos quería vender que el doblador de cucharas profesional es un dotado, un ser que posee cualidades que no están sólo en su mano, que no se reducen a una operación técnica como las de los magos, que proceden de una esfera trascendente que por obra y gracia de estos deleznables espectáculos televisivos queda convertida en un reino de simples efectos especiales. Por supuesto, Geller nos recordó al final que seamos positivos y optimistas con nosotros mismos, porque así nos pasarán "cosas buenas", pinceladas nuevaeristas de las que este individuo echa mano como un vendedor cualquiera en el mercado multinacional de la "nueva conciencia" y "desarrollo personal".


La verdad es que a Geller hay que reconocerle una vez más su abrumadora capacidad para ejercer efectos a distancia: consiguió insultar y ofender a la inteligencia de buena parte de la audiencia; intentó que comulgásemos con unas gigantescas ruedas de molino; se nos trató como a ignorantes necesitados de consejos vitales vendidos en un bazar de pseudoespiritualidad de todo a 100; se nos revolvió el estómago; la adrenalina circuló aceleradamente por nuestras venas; se nos entrecortó la respiración; y dejamos de salivar durante un rato. Y todo ello con su presencia y su palabra, señor Geller. No está mal para un "dotado".

Sólo On-line

PORTADA | BIBLIOTECA PDF | TODOS LOS ARTÍCULOS | LISTA DE CORREO | NOTICIAS | OTROS NÚMEROS